Then come back. The lost Neruda poems.

In Spanish:

Hace un par de semanas un paquete se dejó caer a través de mi buzón. En la oscuridad del pasillo no podía leer la etiqueta del sobre acolchado. Caminé hacia la cocina preguntándome si había comprado algo en línea. No, no lo había hecho. Era un sobre escrito a mano de un amigo de mi familia cuya letra reconocí de inmediato. Se notaba que era un libro por lo tanto abrí el paquete con cuidado y me encontré con algo totalmente inesperado: un libro de los poemas perdidos de Pablo Neruda, cuyo título en  inglés es “Then come back. The lost Neruda poems.  Yo estaba al tanto de la existencia de estos poemas, había leído de ellos en el año de su descubrimiento, sin embargo fue una sorpresa muy enternecedora ver un poquito de Chile caer desde el buzón a mis manos aquí en Escocia.

Escritos originalmente en trozos de papel, recibos, pedacitos de servilletas y cuadernos, se decía que eran algo excepcional. Consciente de que merecían tiempo de máxima calidad puse el libro en el velador, para leerlo en la noche, cuando todo estaría en silencio aparte del susurro del río.  Pasaron varias noches soñolientas y mi libro no se leía. Era obra de Neruda, digna de una mente clara, no una lectura borrosa entre sueños y bostezos.

Finalmente, llegó una noche deslumbrante cuando no me había rendido a la fastidiosa tiranía del agotamiento y tuve la libertad de leer. Lo sostuve con ambas manos. La luz de la lámpara brillaba en su cubierta laminada y olía maravillosamente nuevo. ¡Qué hermoso objeto! Me preguntaba, ¡¿cómo una versión electrónica (e-book) podría sobrellevar algo tan exquisito?! ¡¿Cómo podría alguien preferir tal cosa?! Y ¿qué hubiese pensado Neruda de semejante aparato? Concluí que él era un hombre de su tiempo, con la vista en el futuro al igual que en el pasado y que por lo tanto hubiese sido de su gusto. Neruda era partidario de la diversión y la travesura y creo que se hubiese entretenido a montones con la tecnología, si es que se hubiese materializado en su escritorio, junto a su tintero y pluma estilográfica, en Isla Negra. Pero al pasar la novedad, sospecho que él siempre hubiese preferido sus libros amados, cuales recopiló tiernamente de todos los rincones el mundo.

Con razón por tanto así como la fundamental narrativa y presencia física los libros también tienen muchas otras características únicas. Un mundo aparte de un dispositivo electrónico, tienen sus guardapolvos, sus tapas duras, sus hojas encuadernadas, sus espinas, sus adornos; sus texturas, sus aromas, sus arrugas, sus pliegues, sus manchas de café, sus señales delatoras del paso del tiempo y otras cosas estrafalarias que, en su conjunto, encapsulan algo de la naturaleza de sus dueños. Los libros tienen toda una historia biográfica por derecho propio. Una flor prensada, una carta de amor escondida en su interior, una inscripción escrita en tinta verde. Tienen personalidad. Un estilo narrativo y editorial al igual que las cualidades que les da el lector.

La lectura es una aventura entre dos, hasta la llegada de un segundo o tercer lector. Pero mi libro es nuevo. Nadie ha leído mi copia y es preciso que comience su vida conmigo. Quiero terminar con la incógnita, leerlo al tiro, pero opto por la emoción de sostener estos versos desconocidos en mis manos unos momentos más. ¡Después de todo estoy en la presencia de un tesoro! Sin poder esperar más, y por casualidad, lo abro en la página dos, donde se encuentra una reproducción en color de la portada de un cuaderno antiguo. En la copia original hay palabras escritas por Neruda en tinta verde y por un niño a lápiz. La imagen me transporta a otra época y me imagino a mí misma hurgueteando en el estuche de Ricardo Neftalí Reyes y la lluvia de su Parral natal danzando en mi cabeza.

Mis ojos giran hacia la página adyacente, cual revela el título del libro y el nombre del traductor, Forrest Gander. Veo que la publicación original de la imprenta Seix Barral, en español, fue en el 2014.

Noto que mi edición bilingüe  fue publicada en el Reino Unido por la imprenta Bloodaxe Books, en el 2017. Pienso que el libro pertenece mucho al ahora. Dado que soy exiliada y que crecí en un país de habla inglesa, me es muy grato leer poesía chilena escrita tanto tiempo atrás en el año de su primera publicación en el Reino Unido.  Lo interpreto como un llamado desde el pasado al presente, un abrazo de mi patria. Un empujoncito al Sur.

¿Cómo lucirá en cinco años, cuando las páginas estén desvanecidas, desgastadas y posiblemente amarillentas – si se lee al sol? (Posibilidades escasas de que eso ocurra aquí en la bella Escocia, pienso, riéndome sola). ¿Volveré a revivir este momento, como en otras ocasiones, cuando leo un libro por segunda vez después de muchos años?

El prólogo del traductor es en sí un apunte cautivador que arroja luz sobre la vida personal de Gander durante el proceso de la traducción –  así como su reacción inicial a la idea de traducir los poemas al inglés. Es una pequena ventana a la mente del hombre que llevará estos poemas a un público de habla inglesa. La introducción, redactada por la Fundación Pablo Neruda, no es menos interesante, divulgando pepitas de información igualmente entretenidas.  Por ejemplo, que los documentos originales se almacenan en bóvedas especiales de clima controlado en Chile. Mi mente da brincos al imaginar los poemas originales en ese ambiente. ¡Cómo me encantaría ver esos archivos – mejor aún – ser la archivista!

Doy vuelta a la página. Ahí encuentro un apunte de Neruda en tinta verde. Fue escrito a bordo de un buque de cargo rumbo a Venezuela, el 3 de enero de 1959. La misma tinta verde rodea en círculo el texto que al final dice ‘[sic] Artritis en ambos tobillos!’ ¡Maldita sea la flecha del tiempo! Cómo me gustaría que estuviese vivo o haber sido de su época. ¡Solo una anécdota compartida hubiese sido suficiente! Pero tengo lo que hay. Mi anhelo ahora es generar una conexión.

Entonces prosigo al primer poema. A sabiendas de que no tienen títulos, leo rápidamente como una niña codiciosa, exigiendo más. Este libro ha comenzado su vida conmigo. Espero con alegría nuestro tiempo juntos. Cuando termine de leerlo tendrá todo tipo de cosas con las cuales no llegó a mí. Sé que creceré gracias a su existencia y que me acompañará mientras siga aquí, en este planeta maravilloso. Mamá, tuviste la suerte de conocer a Pablo Neruda, dale un vistazo al libro, donde sea que estés. Si hubiese sido publicado once años atrás segura estoy de que el remitente hubiese sido tú y que las dos nos hubiesemos sentado juntas a leer este libro, con una tacita de té. (De mis apuntes para ‘Café Cero’, el libro que le escribo a mi madre).

In English:

A couple of weeks ago a package came through my letterbox.  In the darkness of the hallway, I was unable to see the label on the padded envelope. I walked through to the kitchen wondering if I had ordered something online and forgotten about it. No, I hadn’t. It was a handwritten envelope from a family friend whose handwriting I immediately recognized. I could tell it was a book so I opened the parcel gently and came upon something totally unexpected – a publication entitled: ‘Then come back. The lost Neruda Poems’.  I had read about these verses when they were first discovered, so I knew of their existence, but it was such a heartwarming surprise to have a little bit of Chile come through my letterbox and into my hands right here in Scotland!

Word had it that the poems, originally written on scraps of paper, napkins receipts and jotters, were something quite exceptional. I knew that they would need prime time. Hence, I put the book on the bedside table to read at night when all was quiet but for the humming of the river.  Several sleepy nights came and went and my book lay unread because, being a Neruda book, it deserved clarity of mind, not a hazy read between sleep and wake. Finally, a bright night came when I had not surrendered to the petty tyranny of fatigue and at last, I was free to read.

I held it with both my hands. The lamplight shone on its glossy cover and it smelt wonderfully new. What a beautiful physical object! I wondered how an e-book version could possibly match something so exquisite! How could anyone prefer it!? And what might Neruda have made of such a thing as an e-book? I concluded that he was a man of his time with a keen eye on the past as well as the future and that therefore he would have liked the gadget. Neruda, with a penchant for fun and mischief, would have probably been tickled by the technology had it suddenly materialized on his worktable, next to his inkwell and fountain pen, at Isla Negra. But novelty over, I suspect he would have always preferred his beloved books which he tenderly collected from all corners of the world. Rightly so, for as well as an all-important narrative and physical presence, books also have many other unique characteristics.

A world apart from electronic devices, they have hardbacks, dust jackets, spines, bound paper, fancy endpaper, textures; aromas, wrinkles, creases, markings, coffee stains, tell-tale signs of the passage of time and other quirky things that also give clues as to the nature of their owners. Books have an entire biographical history in their own right. A pressed flower, a love letter hidden inside, an inscription written in green ink. They have personality. The narrative/publishing style they came with and the traits given to them by the reader.

Reading is a two-way affair until a second or third bookworm comes along. But my book is new. Nobody has read my copy of it. It needs to begin its life with me. I want to delve into it this second but I opt for the excitement of having these unexplored verses in my hands for a few moments longer. I am holding a treasure after all! When I can wait no more, by chance I open it on page two which houses a colour reproduction of an exercise book cover from past times. There are words handwritten on the original copy by the adult Neruda in green ink and by a child in pencil. I am transported instantly to another era and I imagine myself rummaging around Ricardo Neftalí Reyes Basoalto’s pencil case and the rain of his native Parral dancing on my head.

My eyes flick to the adjacent page which is home to the title of the book and the translator’s name: Forrest Gander. Two pages on, I read that the original Seix Barral Spanish publication was in 2014. I note that my UK bilingual edition was published by Bloodaxe Books in 2017. I think about how much of the now this book is.  Given I was exiled to the UK many years ago, it feels very special to be able to read Chilean poetry written long ago in the year of its first UK publication.  I think of it as a call from the past to the present, an embrace from my homeland.  A nudge South. How will it seem in five years’ time, when the pages are faded, worn and yellowed – if read in the sunshine? (Not much chance of that here in Bonny Scotland, I chuckle). Will I think back to this moment, as I often do when I pick up a book for a second reading after years have passed?

Forrest Gander’s prologue is in itself tantalizing. Shedding light into his personal life during the translation process, as well as his initial reaction to the idea of translating the poems into English, it is a window to the mind of the man who is going to make these poems accessible to an English speaking audience. The Neruda Foundation‘s introduction is no less interesting, divulging nuggets of information equally as entertaining. For instance, that the original documents are stored in special, climate-controlled vaults in Chile. My mind whizzes about imagining Neruda’s lost poems in this setting. If only I could see the original files – better still – work archiving them!

I turn over the page and see a copy of a handwritten note by Neruda, scribbled in green, aboard a cargo ship which set sail from Valparaíso to Venezuela on January 3rd, 1959. The same green ink circles the note which at the bottom reads ‘Arthritis in both ankles!’ – damn the arrow of time! I wish he was still alive or to have been his contemporary. A shared anecdote would have been enough for me! But I have what there is and my urge now is to make a connection.

And so to the first poem. Knowing already that it will not have a title, I read quickly, like a greedy child, wanting more. This book has begun its life with me. I look forward to our time together. It will have all manner of bits and bobs it did not come with when I have finished reading it. I know that I will be a better person for having read it and that it will be with me as long as I am here, on this wonderful planet Earth. Mamá, you had the good fortune to meet Pablo Neruda, check it out wherever you are. I know if this book had been printed eleven years ago, you would have been its sender and that we would have sat together,  going through it, over a cup of tea.  (Notes from ‘Café Cero’, the book I am writing for my mother).

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